La formación de servidores públicos competentes en el siglo XXI requiere adaptaciones pedagógicas que consideren las características distintivas de la Generación Z. Este artículo examina estrategias efectivas para la transferencia de conocimientos en programas de administración gubernamental y políticas públicas, enfocándose en metodologías que potencian el desarrollo de capacidades técnicas. Se analiza el perfil cognitivo y tecnológico de esta generación, sus expectativas de aprendizaje, y se proponen modelos pedagógicos que integran tecnología, aprendizaje experiencial y desarrollo de competencias específicas para el servicio público. Los hallazgos sugieren que la combinación de métodos tradicionales con estrategias innovadoras centradas en el estudiante produce mejores resultados en la preparación de profesionales del sector público.
Palabras clave: Generación Z, transferencia de conocimientos, administración pública, capacidades técnicas, pedagogía universitaria
La administración pública contemporánea enfrenta desafíos sin precedentes que requieren servidores públicos altamente capacitados, con habilidades técnicas sólidas y capacidad de adaptación a entornos cambiantes. La Generación Z, definida como aquellos nacidos aproximadamente entre 1997 y 2012, representa actualmente una proporción significativa de los estudiantes universitarios en programas de administración gubernamental y políticas públicas (Seemiller y Grace, 2016). Esta generación, caracterizada por ser nativa digital y por poseer patrones de aprendizaje distintivos, presenta tanto oportunidades como desafíos para la transferencia efectiva de conocimientos en el ámbito académico. Como señalan Seemiller y Grace (2016), “los estudiantes de la Generación Z aprenden mejor cuando pueden ver la aplicación práctica inmediata de lo que están estudiando” (p. 34).
La literatura sobre educación superior ha documentado ampliamente que los métodos pedagógicos tradicionales, diseñados para generaciones anteriores, no siempre resultan efectivos con estudiantes contemporáneos. Prensky (2001) acuñó el término “nativos digitales” para describir a esta generación que ha crecido inmersa en la tecnología, argumentando que “los estudiantes de hoy piensan y procesan la información fundamentalmente diferente a sus predecesores” (p. 1). La Generación Z ha crecido en un contexto de hiperconectividad, acceso inmediato a información y comunicación multimedia, lo que ha configurado sus preferencias de aprendizaje, expectativas educativas y formas de procesamiento de información (Turner, 2015). Para los docentes e investigadores en políticas públicas, comprender estas características resulta fundamental para diseñar estrategias pedagógicas que faciliten la transferencia efectiva de conocimientos técnicos necesarios para el ejercicio profesional en el sector público.
En el contexto latinoamericano, y particularmente en México, la formación del profesorado universitario enfrenta retos adicionales. Como señalan Obermeier Pérez (2025), “mientras las actividades académicas necesitan periodos de concentración profunda, los jóvenes actuales presentan tiempos de concentración reducidos, influenciados por los constantes estímulos digitales”. Esta realidad exige una reconceptualización profunda de las prácticas docentes en administración pública.
El presente artículo tiene como objetivo analizar las estrategias pedagógicas más efectivas para la transferencia de conocimientos a estudiantes de la Generación Z en programas de administración pública, con particular énfasis en el desarrollo de capacidades técnicas. La relevancia de este análisis es particularmente crítica considerando que, como señala Capellà i Roig (2024), los profesores universitarios han observado en los últimos años “cambios en la actitud, nivel académico e interés que presentan los alumnos”, fenómeno que requiere ajustes metodológicos profundos. Se estructura en cinco secciones principales: caracterización de la Generación Z como sujeto de aprendizaje, análisis de las competencias técnicas requeridas para el servicio público, revisión de modelos pedagógicos contemporáneos aplicables, propuesta de estrategias específicas de transferencia de conocimientos, y reflexiones sobre la evaluación del aprendizaje en este contexto.
La Generación Z presenta características distintivas que influyen significativamente en sus procesos de aprendizaje. Según investigaciones recientes, estos estudiantes son multitarea por naturaleza, prefieren el aprendizaje visual sobre el textual, valoran la inmediatez y la relevancia práctica de los contenidos, y esperan interacción constante con sus docentes y pares (Cilliers, 2017). A diferencia de los millennials, la Generación Z tiende a ser más pragmática, orientada a resultados concretos y consciente de las exigencias del mercado laboral. Seemiller y Grace (2017) observan que estos estudiantes “priorizan la empleabilidad y buscan desarrollar habilidades concretas que puedan demostrar a futuros empleadores” (p. 23).
En el contexto específico de la educación en administración pública, estos estudiantes muestran particular interés por comprender cómo los conceptos teóricos se traducen en aplicaciones prácticas. La investigación de Schroth (2019) indica que la Generación Z valora especialmente las experiencias de aprendizaje que simulan contextos reales de trabajo y que les permiten desarrollar habilidades tangibles. Schroth (2019) enfatiza que “para captar la atención de la Generación Z, los educadores deben demostrar claramente cómo el contenido del curso se relaciona con escenarios del mundo real” (p. 12). Esta orientación pragmática representa una oportunidad para los docentes de políticas públicas, quienes pueden aprovechar el interés de los estudiantes por resolver problemas concretos de gestión gubernamental.
El uso de tecnología constituye un elemento central en el perfil de aprendizaje de esta generación. No se trata simplemente de que sean usuarios frecuentes de dispositivos digitales, sino que su cognición se ha configurado en entornos mediados por tecnología. Rothman (2016) argumenta que “la Generación Z no recuerda un tiempo sin internet, teléfonos inteligentes o redes sociales, lo que fundamentalmente ha moldeado sus expectativas sobre el acceso a información y comunicación” (p. 45). Esto implica que procesan información de manera diferente, esperan retroalimentación inmediata y están acostumbrados a buscar información de forma autónoma utilizando múltiples fuentes digitales. Para la enseñanza de contenidos técnicos en administración pública, esto sugiere la necesidad de integrar herramientas tecnológicas no como complementos, sino como componentes esenciales del proceso de aprendizaje.
Sin embargo, es importante evitar generalizaciones simplistas. Dentro de la Generación Z existe considerable diversidad en términos de estilos de aprendizaje, contextos socioeconómicos y trayectorias educativas previas. Como advierte Twenge (2017), “aunque las tendencias generacionales son útiles para comprender cambios culturales amplios, es crucial recordar que no todos los individuos de una generación son idénticos” (p. 18). Los docentes deben reconocer esta heterogeneidad y diseñar estrategias pedagógicas flexibles que puedan adaptarse a diferentes perfiles de estudiantes dentro de un mismo grupo.
Antes de diseñar estrategias de transferencia de conocimientos, resulta indispensable identificar qué capacidades técnicas específicas requieren los servidores públicos en el contexto actual. La administración pública del siglo XXI demanda profesionales con competencias que van más allá del conocimiento normativo tradicional, incorporando habilidades analíticas, tecnológicas y de gestión complejas (Pardo, 2020).
Entre las competencias técnicas fundamentales se encuentran: análisis de políticas públicas basado en evidencia, que incluye capacidad para diseñar investigaciones, recolectar y analizar datos cuantitativos y cualitativos; gestión financiera y presupuestaria, con comprensión de ciclos presupuestales, análisis costo-beneficio y evaluación económica de programas; dominio de herramientas tecnológicas para gobierno digital, incluyendo sistemas de información, gestión de datos y comprensión básica de ciberseguridad; habilidades para la gestión de proyectos públicos, aplicando metodologías reconocidas de planificación, ejecución y evaluación; y competencias en monitoreo y evaluación de políticas, utilizando marcos lógicos, indicadores y metodologías de evaluación de impacto (Ramírez-Alujas, 2011).
Adicionalmente, el contexto contemporáneo demanda capacidades para trabajar con múltiples actores, negociar en entornos complejos, comunicar información técnica a audiencias diversas, y mantener estándares éticos en el ejercicio de la función pública. Peters (2018) señala que “la coordinación efectiva de políticas requiere no sólo conocimiento técnico, sino habilidades interpersonales y capacidad para navegar la complejidad institucional” (p. 6). La transferencia efectiva de estas competencias requiere metodologías pedagógicas que combinen conocimiento teórico con desarrollo de habilidades prácticas.
Es relevante señalar que el concepto de capacidades técnicas en administración pública ha evolucionado. Ya no se trata únicamente de conocer procedimientos administrativos o marcos normativos, sino de desarrollar pensamiento crítico para analizar problemas complejos, creatividad para diseñar soluciones innovadoras y adaptabilidad para responder a contextos cambiantes. Ospina (2017) argumenta que “el liderazgo público efectivo en el siglo XXI requiere capacidad para trabajar en contextos de incertidumbre y ambigüedad, integrando perspectivas múltiples” (p. 280). Esta evolución conceptual tiene implicaciones directas para las estrategias pedagógicas que los docentes deben implementar.
La literatura sobre pedagogía universitaria ofrece diversos modelos que resultan particularmente pertinentes para la formación de servidores públicos de la Generación Z. El aprendizaje experiencial, fundamentado en las teorías de Kolb (1984), propone que el conocimiento se construye a través de la transformación de la experiencia. Kolb (1984) sostiene que “el aprendizaje es el proceso mediante el cual el conocimiento se crea a través de la transformación de la experiencia” (p. 38). Este modelo, que integra experiencia concreta, observación reflexiva, conceptualización abstracta y experimentación activa, resulta especialmente apropiado para la enseñanza de administración pública, donde la conexión entre teoría y práctica es fundamental.
El aprendizaje basado en problemas (ABP) representa otra metodología valiosa. En este enfoque, los estudiantes aprenden investigando y resolviendo problemas complejos que no tienen una solución única evidente. Barrows (1996) define el ABP como “un método de aprendizaje basado en el uso de problemas como punto de partida para la adquisición e integración de nuevos conocimientos” (p. 5). Para la formación en políticas públicas, el ABP permite presentar a los estudiantes casos reales de gestión gubernamental, requiriendo que integren conocimientos de diversas áreas, analicen información, propongan soluciones y evalúen consecuencias. Este método resulta particularmente efectivo con la Generación Z, que valora la relevancia práctica y el aprendizaje activo.
El modelo de aula invertida (flipped classroom) ha ganado popularidad en educación superior. En este enfoque, los estudiantes acceden a contenidos teóricos de forma autónoma antes de la clase, mientras que el tiempo presencial se dedica a aplicación práctica, discusión y resolución de problemas. Bergmann y Sams (2012) explican que este modelo “permite a los educadores dedicar el valioso tiempo de clase a actividades de mayor nivel cognitivo y atención personalizada” (p. 15). Este modelo se alinea bien con las características de la Generación Z, que está acostumbrada al aprendizaje autodirigido mediante recursos digitales y valora el uso del tiempo de clase para interacción significativa.
El aprendizaje colaborativo, fundamentado en teorías constructivistas, enfatiza la construcción social del conocimiento a través de la interacción entre pares. Vygotsky (1978) argumentó que “el aprendizaje despierta una variedad de procesos de desarrollo que son capaces de operar sólo cuando el niño está interactuando con personas en su entorno” (p. 90), principio aplicable también al aprendizaje adulto. Para estudiantes de administración pública, trabajar en equipos para analizar políticas, diseñar propuestas o evaluar programas simula el ambiente colaborativo característico de las organizaciones gubernamentales. La Generación Z, acostumbrada a la conectividad social, responde positivamente a metodologías que incorporan trabajo en equipo, aunque con estructuras claras y objetivos definidos.
Finalmente, el modelo de aprendizaje basado en proyectos permite a los estudiantes desarrollar competencias complejas trabajando durante periodos extendidos en proyectos que abordan problemas reales. Thomas (2000) señala que “los proyectos son tareas complejas basadas en preguntas o problemas desafiantes que involucran a los estudiantes en diseño, resolución de problemas, toma de decisiones o actividades de investigación” (p. 3). En el contexto de políticas públicas, esto podría incluir el diseño completo de una política, la evaluación de un programa gubernamental existente, o la propuesta de mejoras a procesos administrativos, integrando múltiples competencias técnicas en un producto final significativo.
Un elemento fundamental que todos estos modelos comparten es la necesidad de que el docente asuma un nuevo rol. Como señalan Durán Chinchilla et al. (2021), citados en investigaciones sobre el rol del profesor universitario poscovid, “el profesor universitario debe poseer una serie de competencias que respalden su idoneidad, y la formación continua se presenta como una vía indispensable para adquirirlas”. Este cambio de rol es particularmente crítico cuando se trabaja con la Generación Z, que demanda una relación más horizontal y facilitadora con sus docentes.
Basándose en los modelos pedagógicos analizados y en las características de la Generación Z, es posible proponer estrategias concretas para la transferencia efectiva de conocimientos técnicos en administración pública.
Primera estrategia: Integración de tecnología de forma significativa. No se trata simplemente de usar tecnología, sino de incorporarla como herramienta para el desarrollo de capacidades técnicas específicas. Cabero-Almenara y Llorente-Cejudo (2020) enfatizan que “la integración tecnológica efectiva requiere que las herramientas digitales estén al servicio de objetivos pedagógicos claros, no al revés” (p. 28). Esto incluye utilizar software de análisis de datos (como R, SPSS o Excel avanzado) para enseñar análisis cuantitativo de políticas; emplear simuladores de gestión pública que permitan a los estudiantes tomar decisiones y observar consecuencias; usar plataformas colaborativas en línea para trabajo en equipo; y aprovechar recursos multimedia para presentar casos complejos de gestión gubernamental.
Segunda estrategia: Aprendizaje basado en casos reales. La Generación Z valora especialmente contenidos que percibe como relevantes y aplicables. Utilizar casos reales de gestión pública, idealmente del contexto local o nacional, aumenta significativamente el compromiso de los estudiantes. Christensen y Carlile (2009) argumentan que “los casos bien construidos permiten a los estudiantes experimentar la complejidad de situaciones reales sin las consecuencias de decisiones incorrectas” (p. 244). Los casos deben presentar problemas complejos sin soluciones obvias, requiriendo que los estudiantes apliquen múltiples herramientas analíticas y consideren diversos aspectos técnicos, políticos y éticos.
Tercera estrategia: Desarrollo progresivo de competencias mediante scaffolding. Las capacidades técnicas complejas no se adquieren de forma inmediata. Es necesario diseñar secuencias de aprendizaje que construyan gradualmente las competencias, comenzando con habilidades fundamentales y progresando hacia aplicaciones más sofisticadas. Por ejemplo, en el caso del análisis de políticas, iniciar con comprensión de marcos conceptuales básicos, avanzar hacia análisis de casos simples, continuar con recolección y análisis de datos, y culminar con diseño y evaluación completa de propuestas de política.
Cuarta estrategia: Retroalimentación frecuente y específica. La Generación Z está acostumbrada a la retroalimentación inmediata. Aunque la evaluación académica no puede replicar la inmediatez de las redes sociales, es posible diseñar procesos que proporcionen retroalimentación más frecuente y específica sobre el desarrollo de capacidades técnicas. Hattie y Timperley (2007) demuestran que “la retroalimentación es una de las influencias más poderosas en el aprendizaje y el logro, pero su efecto depende del tipo y la calidad de la retroalimentación proporcionada” (p. 81). Esto incluye evaluaciones formativas continuas, rúbricas detalladas que especifiquen criterios de competencia técnica, y sesiones de retroalimentación individual o grupal.
Quinta estrategia: Conexión con profesionales del sector público. Invitar a servidores públicos en ejercicio para compartir experiencias, desafíos y aplicación práctica de capacidades técnicas enriquece significativamente el aprendizaje. Esto puede incluir conferencias, paneles de discusión, mentorías o proyectos colaborativos entre la universidad y organizaciones gubernamentales. Esta conexión con la práctica profesional responde a la orientación pragmática de la Generación Z.
Sexta estrategia: Desarrollo de habilidades metacognitivas. Más allá de enseñar contenidos específicos, es fundamental que los estudiantes desarrollen capacidad para aprender de forma autónoma y continua. Esto implica enseñarles explícitamente estrategias de aprendizaje, promover la reflexión sobre sus propios procesos de desarrollo de competencias, y cultivar la mentalidad de aprendizaje permanente necesaria en el servicio público. Zimmerman (2002) sostiene que “el aprendizaje autorregulado se refiere a pensamientos, sentimientos y acciones autogenerados que están planificados y adaptados cíclicamente para el logro de objetivos personales” (p. 65), habilidad esencial para el desarrollo profesional continuo.
Séptima estrategia: Incorporación de perspectiva ética e institucional. Las capacidades técnicas no operan en un vacío. Es esencial que los estudiantes comprendan el contexto institucional del servicio público, los valores que lo sustentan y las consideraciones éticas que deben guiar la aplicación de herramientas técnicas. Cooper (2012) argumenta que “la responsabilidad del administrador se extiende más allá de la eficiencia técnica para abarcar la preservación y promoción de valores democráticos fundamentales” (p. 8). Integrar discusiones éticas en el análisis de casos técnicos, y reflexionar sobre el papel del servidor público en la democracia, resulta fundamental.
La evaluación representa un componente crítico de la transferencia de conocimientos. Para capacidades técnicas en administración pública, la evaluación debe ir más allá de la memorización de contenidos, valorando la capacidad de aplicar conocimientos a situaciones complejas. Wiggins y McTighe (2005) proponen el diseño retroactivo, argumentando que “la evaluación auténtica debe preceder y dar forma a la instrucción, no simplemente seguirla” (p. 17).
Las evaluaciones auténticas, que requieren que los estudiantes demuestren competencias en contextos similares a los profesionales reales, resultan particularmente apropiadas. Wiggins y McTighe (2005) definen la evaluación auténtica como aquella que “involucra desafíos y roles que reflejan las tareas y estándares con los que los adultos son probados en el lugar de trabajo” (p. 153). Esto puede incluir análisis de casos que requieran aplicación de herramientas técnicas específicas, diseño de propuestas de política basadas en evidencia, evaluación de programas gubernamentales utilizando metodologías apropiadas o simulaciones de gestión pública donde se apliquen múltiples competencias.
Los portafolios de aprendizaje permiten a los estudiantes documentar su desarrollo de competencias a lo largo del tiempo, reflexionando sobre su progreso. Para capacidades técnicas, un portafolio podría incluir análisis de datos realizados, propuestas de política diseñadas, evaluaciones de programas y reflexiones sobre el aprendizaje. Este enfoque se alinea con la valoración de la Generación Z por la personalización y la evidencia tangible de sus logros.
La evaluación entre pares, cuando está bien estructurada, contribuye al aprendizaje al requerir que los estudiantes apliquen criterios de calidad técnica para revisar trabajo de otros. Esto desarrolla juicio crítico y comprensión profunda de estándares profesionales. Sin embargo, requiere preparación cuidadosa y rúbricas claras para ser efectiva.
Es importante considerar también la evaluación formativa continua, que proporciona información sobre el progreso del estudiante y permite ajustes pedagógicos. En el desarrollo de capacidades técnicas complejas, la evaluación formativa resulta más valiosa que depender únicamente de exámenes finales, permitiendo identificar dificultades tempranamente y proporcionar apoyo específico. Black y Wiliam (1998) concluyen que “existe evidencia firme de que mejorar la evaluación formativa produce ganancias significativas en el aprendizaje, especialmente para estudiantes de bajo rendimiento” (p. 61).
La formación de servidores públicos competentes de la Generación Z requiere adaptaciones significativas en las estrategias pedagógicas tradicionales. Los docentes de administración pública deben reconocer las características distintivas de estos estudiantes, sus preferencias de aprendizaje y expectativas, diseñando experiencias educativas que resulten relevantes, prácticas y tecnológicamente enriquecidas. Como advierte Capellà i Roig (2024), “es básico que, para diseñar cualquier aspecto de la docencia, los profesores universitarios tengamos presentes estos cambios y entendamos que la tecnología puede facilitar enormemente, pero, también, obstaculizar el aprendizaje a nuestros alumnos si no adaptamos nuestra metodología”.
La transferencia efectiva de capacidades técnicas para el servicio público demanda integrar múltiples estrategias pedagógicas: aprendizaje experiencial, basado en problemas y en proyectos; uso significativo de tecnología; conexión constante entre teoría y práctica; retroalimentación frecuente; y evaluación auténtica. No existe un único método que funcione para todos los contextos y contenidos; la efectividad pedagógica requiere flexibilidad y adaptación a las necesidades específicas de cada grupo de estudiantes.
Es fundamental mantener un equilibrio entre responder a las características de la Generación Z y sostener estándares académicos rigurosos. El objetivo no es simplemente hacer las clases más atractivas o entretenidas, sino facilitar el desarrollo profundo de competencias técnicas que estos futuros servidores públicos necesitarán en su ejercicio profesional. Esto requiere mantener expectativas altas mientras se proporcionan los apoyos necesarios para que los estudiantes las alcancen. En palabras de Obermeier Pérez (2025), “las instituciones educativas contemporáneas necesitan renovar su plantilla docente” y sus metodologías para responder adecuadamente a estos desafíos.
La investigación futura debería examinar empíricamente la efectividad de diferentes estrategias pedagógicas con estudiantes de administración pública de la Generación Z, considerando no sólo la satisfacción estudiantil sino la transferencia real de competencias al ejercicio profesional. También sería valioso explorar cómo las instituciones educativas pueden apoyar a los docentes en la implementación de estas estrategias, mediante capacitación, recursos tecnológicos y diseño curricular apropiado.
Finalmente, es importante reconocer que la Generación Z misma continuará evolucionando, y que nuevas generaciones con características distintivas ingresarán pronto a la educación superior. La capacidad de los docentes y las instituciones para mantenerse actualizados, experimentar con nuevas estrategias pedagógicas, y reflexionar críticamente sobre su práctica será fundamental para continuar formando servidores públicos con las capacidades técnicas que demanda el sector público en constante transformación, incluyendo las herramientas de inteligencia artificial, tema a considerar para un siguiente artículo, ya que requiere su propio análisis, argumento y exposición para la discusión.
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