La guerra despertó un día, como un gigante que sale de la memoria de sí mismo. El horror no se había ido, estaba escondidos en los pliegues de la historia. De golpe los de esta generación nos vestimos con las ropas de otras generaciones. La historia dio un salto hacia atrás y volvió a comenzar, para aprender de sí misma y por una vez en su vida, esta vez no fallar en crecer. Porque la historia, aquella vieja amiga nuestra que odiamos en la escuela y no entendemos en la vida, anda a los tumbos entre ser y destruir, entre comprender y enloquecer. Y para eso el mundo la mete en aprietos para ver cómo sale, y cómo firma el próximo episodio, esta vez con amor y no con sangre. Pero es sangre el primer grito del parto de la historia que de nuevo se inventa a sí misma y, como quien no tiene sino lo que conoce, se repite en el horror.
Así los miembros históricos, porque no lo podemos negar, todos somos miembros históricos de esta generación, todos somos una generación, todos somos un grito al final del camino, y todos podemos ser una luz al final del túnel. Los miembros históricos de mi generación llegaron a ver, por desgracia para sus ojos, cosas que vieron sus abuelos y que se creían perdida en los anales de los tiempos perdidos. Cuando el submarino estadounidense volteó el primer barco iraní después de la Segunda Guerra Mundial. El secretario de defensa de EU lo dijo con orgullo, como quien se mete en los libros Guinness de algo recordable. Lo dijo ante los micrófonos que un poco opacos de vergüenza o de hartazgo lo reprodujeron: “Volteamos con un submarino el primer barco desde la Segunda Guerra Mundial”. Y con eso nos llevó cerca de 80 años atrás. Él retrocedió 80 años con esa frase que, como quien no sabe de sí mismo, como a quien le faltan horas de vuelo de psicólogo y de psiquiatra, lo dijo como si fuera una travesura de niño o algún maravilloso logro de la capacidad humana. Lo que no sabía era que nos estaba recordando demasiado a la Segunda Guerra Mundial y nos daba que pensar si no querían parecerse del todo e inventar una tercera.
Atrás de eso quedaban hasta ahora más de 1,500 muertos iraníes, incluyendo 200 niñas en una escuela, y unos pocos israelís y norteamericanos, y digo pocos porque, empeñados en mostrar que han revivido a Hércules en sus genes y son una mezcla de Sansón y Aquiles, ellos, cuando cuentan sus números, nunca mueren
¿Nos enseñará la historia esta vez que puede regresar si nos descuidamos o necesitamos más para aprender?