Los perros en mi ciudad antes eran vagabundos. Podía vérselos con sus bolsas andando para todos lados buscando un vagón donde pasar la noche. A veces los agarraba la noche en medio de la noche, y es difícil cuando te agarra una noche en medio de la noche, y más si sos un perro. Porque la noche en medio de la noche está llena de cosas de noche. Y tiene puntas y cosas afiladas y pararse en medio de la noche en medio de la ciudad es sostener la ciudad. Y para un perro, un pobre y solitario perro en medio de la noche cuando todos duermen olvidados de sí y sus vidas, que es el momento en que el mundo se mueve para todos lados y no se sostiene de ningún lado, estar en medio de la noche sosteniendo la cuidad completa, siendo el punto cardinal completo de referencia de todos los sueños, siendo el puntal que queda y justifica esa luna tan inmensa que no va a ver nadie salvo él. Porque eso saben hacer los perros. Abrigar la noche.
Pero antes eran seres marginales apilados en el borde simbólico de la ciudad. Y para ser un ser marginado apilado en el borde simbólico de la ciudad tener que aparecer en el centro de la noche hecho un monumento de granito y sostener junto con la noche todas las ilusiones apagadas que se despertaban sólo en su creencia en la raza humana de un ser que era despreciado por todos pero necesitado por muchos.
Pero de un tiempo a esta parte los hombres crecieron y los perros, más que ser marginados, pasaron a ser señores de galera y bastón. Todos pasaron a ser fans de los perros y los mismos perros unas especies de estrellas de rock. Con entrada gratis y de preferencia en cualquier lado. Comidas en cualquier umbral y una zona franca de sonrisa donde los perros andaban a sus anchas a la caza de sonrisas, risas y caricias. Desde ese lugar ser el ser que a la madrugada se para en la luna y desde la noche sostiene el sueño era mucho más fácil.
Los perros crecieron en el imaginario de todos y ahora son seres que no sólo son iguales a nosotros, sino levemente superiores, sino quien sostiene el cielo para que no se caiga a mitad de la noche cuando los hombres duermen y se olvidan de sus vidas.