Alguna vez, sin precisar la fecha, miré a mi padre enterrar un tesoro en el patio de la casa vieja en La Batea. Fue cerca del excusado, justo por las matas de chagüite. En aquellos tiempos de reforma agraria, algunos acostumbraban guardar en botellas las escrituras de sus fincas, para luego, en otro tiempo, buscar su tesoro. Algunas veces, en sueño, he escarbado en el patio. Ayer lo recordé. Era muy tarde para preguntarle.
La mañana transcurría entre feligreses. La inmensidad de la piedra de Cuapa se expresaba como un asteroide minúsculo que, algunos opinaron, cayó hace miles de año. Otros, simplemente, un cerro erosionado por igual tiempo. Alcanzar la cúspide es por excelencia el sueño de muchos. Mientras resbalaba hacia el precipicio, su compañero lo sujetó y le ayudó a llegar a la cima. Desde las alturas la serranía era una extensa maqueta creada por los dioses. En la cruz que se exponía como guardiana de la fe católica, decenas de firma. Por un momento consideraron la posibilidad de tatuar sus nombres. Él consideró algo perpetuo y escribió un poema.
Puede que todo haya sido un juego. Compraron en la farmacia que daba a la calle de los muertos, por donde transitan sin preámbulos los fallecidos.
—Un bisturí quirúrgico, por favor.
—¿Solamente?
—Sí.
Hace ya muchos años, desde aquel día del pacto de sangre, corte profundo en dedo anular. Ella me visita en sueños, quizás me espera para vagar juntos en la eternidad.
La noche estaba tan estrellada como una ciudad vista desde el cristal de un lago que guarda su reflejo. Una ciudad seguramente como Nueva York (aunque nunca he estado ahí, pero seguro será un día de estos) a algunos kilómetros de Bluefields en el Caribe de Nicaragua. Mis primos de Rama cultivaron algunas hojas de tabaco. Aquella noche fumamos en las afuera de la casa de la finca. Aquella noche hablamos de filosofía y teología, aquella noche no entendíamos nada de lo que hablábamos, pero igual, ninguno se percató del detalle. Entonces pedimos deseos a la basura espacial que cae a la tierra como estrellas fugaces. Yo sigo esperando mi deseo… seguro será un día de estos.