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Denuncionismo

Alejandro Miguel Argentina


Una de las cosas que se puso de moda en Argentina y el mundo es el denuncionismo.

Denunciar a cualquier persona de cualquier cosa en cualquier momento. Endilgarle hechos gravísimos que de sólo leerlo puede afectar a su psiquis y desarrollarle una enfermedad. Producirle con denuncias infundadas de lo que sea niveles altísimos de estrés que la persona no está acostumbrada a manejar.

Es como si la palabra fuera un avión en picada tirando salva y el otro fuera un objetivo.

De golpe, el mundo se volvió inestable. No hay piso solido donde pisar, todos pueden ser culpables en algún momento debido a mentes desquiciadas que denuncian y son denunciadas de palabras de cualquier cosa, ser víctimas de una denuncia terrible.

De golpe esas palabras terribles que lanzamos sobre los otros como una mancha de brea mancha toda su historia, su presente y todo su futuro y su pasado.

No es de sorprender, de este modo, que la persona que es acusada de esas cosas se aterre de golpe. Porque la sensación que producen es terror, y no querer vivir más. No es de sorprender que se produzcan enfermedades graves.

Los que cometen el delito de denuncionismo (debería ser un delito) tienen un arma en la lengua, y disparan sin piedad cualquier cosa en cualquier momento sobre personas inocentes. (Cuando son culpables es otra cosa, pero también hay que tener el detalle de cómo hablar a quién, y apelar a la justicia, demostrar los hechos, hay un código penal).

Pero si son inocentes, si sólo descargamos nuestra artillería verbal sobre los otros, también somos responsables de las consecuencias que generan nuestras palabras de odio. Y como responsables vamos a asumirlas en algún momento y otro, de algún modo u otro. También tendremos consecuencias.

Demasiadas personas tuve en la camilla de reiki gravemente afectadas por las palabras de otros. Un mundo que construye policías de la mente en cada persona que abre una denuncia bárbara sobre otro y que después se va de lo más tranquila, como si no hubiese dañada un delicado equilibrio emocional que hace lo que puede en un mundo terrible.

Después el país elige, por espejo, a quien más denuncionismo despiadado está dispuesto a hacer. No las elecciones, sino las palabras.


Jumb25

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