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No siempre un día normal

Jesús María Flores Luna


Las muchachas

Pensé que todas las muchachas eran iguales.
Hoy sé que no.
Las rusas
no tienen que ver con las cubanas,
ni las brasileñas con las danesas,
ni todas ellas con las mexicanas.

Las rusas portan en la boca
una ametralladora fantasma que se acciona
y suelta balas dulceamargas,
que se van clavando en los tímpanos
y en ocasiones
bajo la carne más blanda.

Las cubanas también son bala por palabra,
como arma campesina,
y con naranja y rojo, y el verde húmedo
caliente de la isla, cuando dicen:
¡mambo, papi!, ¡qué rico, mi amor!

Y las danesas, con ojos verdes congelados,
blanca piel de hielo
y ese ritmo calmo y esperanzador,
sentadas a la mesa
o irradiando
                        en las calles
su violeta, vivo y femenino corazón.

Estaba equivocado.
No todas las muchachas son iguales.

Las brasileñas son samba,
y besan como samba.
Siembran una palabra cálida
y crece una flor.

Las mexicanas yo no sé.
Tanto tiempo de convivir con ellas,
que no sé tanto adjetivarlas, no tendría por qué.
Las he vivido desde la infancia,
las he bebido como chocolate bueno,
las he aprendido como tierra sana.
Las mexicanas son eso, mexicanas.
Alegría galopante, risa al aire, caricia dudosa,
caricia liberada de la duda.

No todas las muchachas son iguales.
Hoy lo sé.
También lloran diferente y ofenden distinto,
gritan y se quedan calladas
con variado rostro, con amargura nunca semejante.
Aman y desaman,
bailan y cantan con distinto ritmo.
Labio a labio,      ojo a ojo,

país a país,
                        lengua a lengua,
calle a calle,
                        pierna a pierna,
casa a casa

No todas las muchachas son iguales.

1

No es tanto que me gusten
las mujeres,

es el olor
que les queda paseando
después de bañarse,
el mirar donde cabe
la mirada perfecta,
su manera de moverse
como algas marinas.

No es tanto que me gusten
las mujeres,
es la incertidumbre que dejan
como flor violenta,
la voz gemida
al leve roce.

No es tanto que me gusten
las mujeres,
es el extraño silencio
cuando deberían hablar
y otras veces
el estruendo.

Tanto no es que me gusten
las mujeres,
es esta brújula interna
que apunta siempre
al mismo lugar.


Las esquinas

En la misma esquina de siempre nos despedimos
con un beso que se hicieron nueve.

Las esquinas saben de los enamorados
lo que el cielo de las nubes;
escuchan sus relámpagos, sus tormentas,
su lloverse.
Las esquinas callan todo,
van acumulando el amor ajeno,
y en grietas se revientan un día.

Las esquinas son como casitas
sin puertas ni paredes
pero con una ventana del tamaño
de lo largo de la calle.

Las esquinas juntan a dos,
aunque después cada uno
tome su camino.

Las esquinas siempre están esperando a alguien.
Las esquinas saben que nos vemos en la esquina,
nos acompañamos a la esquina
.

Las esquinas son estaciones largas,
miradas largas, risas libres.

De los enamorados,
qué sería sin las esquinas.


Jumb8

Moloncos

J. Jesús Morales Vázquez


Jumb8

Tus ojos

Paulina García González


Jumb6

Mythos de Ome Galindo


Jumb7

Mythos

Ome Galindo


Jumb8

Sobre Carlos Fuentes

Ramón Valle Muñoz


Jumb9

Moloncos de Jesús Morales

René Michel


Jumb1

Jenny Covarrubias

Collage