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La cotidianidad como experimento *

Luis Rico Chávez


A Rubén lo conozco más de lo que él se imagina. Hace algunos ayeres (doce, catorce años) comenzamos el proyecto de una revista con un grupo de docentes (con la mayoría de los cuales aún me sigue uniendo una entrañable amistad), proyecto que, como todos aquellos en los que hay presupuesto de por medio, apenas duró el periodo del Jefazo que nos convocó.

Pero como yo soy un ocioso obstinado decidí continuar por mi cuenta, y así nació www.agora127.com. Desde los primeros números he contado con la colaboración asidua de Rubén, en una edición con poesía y en otra con narrativa. Este proyecto está por llegar al número 28 y a su octavo año de existencia, lo que significa que durante todo este lapso he sido su corrector y su editor.

Permítanme confesar que, para alguien que ama los libros y la literatura, este es un placer y un privilegio, una labor que lleva su recompensa en sí misma. Para la revista recibo material (poesía, teatro, narrativa, ensayo) de autores de España, Estados Unidos, Costa Rica, El Salvador, Panamá, Venezuela, Paraguay, Argentina. Y en este contexto aparecen los cuentos y los poemas de Rubén. Cada número para mí es una sorpresa que agradezco, porque ignoro la nacionalidad de mi eventual nuevo colaborador. Y todo esto se compIementa con el apoyo desinteresado de los amigos.

Además de No se culpe a nadie (el libro que hoy nos convoca), podríamos hablar del Informe equívoco del tiempo (poesía) o de O esperando tu olvido (relatos), las obras que se han ido desgranando en la revista y que pueden consultar en línea. ¿Qué encontrarán ustedes ahí? Humor, temas cotidianos, personajes fácilmente identificables porque, si no les parece que están ante un espejo, reconocerán a algún amigo, vecino, a un pariente o a ese pelado que tanto odian o a la mujer con la que tanto sueñan y con la que, para su mala suerte, nunca pasarán de mantener una relación onírica.

Y como dicen que decía mi abuela, Rubén no niega la cruz de su parroquia. Así como los personajes son fácilmente identificables, sin problemas y aun con delectación nos ubicamos en una geografía y en una época por demás familiares: una realidad local, actual, que lo mismo gozamos que padecemos, con todas sus aristas y altibajos, con los claroscuros que la matizan y enriquecen y que así como en momentos nos resulta asfixiante y odiosa así también tiene sus encantos y sus momentos inolvidables, por los que vale la pena vivir.

Pero esta cotidianidad, esta cercanía no implica simplicidad o banalidad. En más de alguna historia hallaremos aquellos experimentos que dieron fama y proyección mundial a los escritores latinoamericanos en la centuria pasada. Y como muestra les comparto el siguiente microrrelato, que echa mano de ese recurso llamado puesta en abismo, en el que se juega con la realidad del lector y la realidad de la escritura.

Y como señalé al principio, aquel proyecto que comenzó como una labor profesional, como un encuentro de colegas, se ha mantenido gracias a la amistad. Y es ese lazo de amistad lo que nos permite compartir este momento.


* Texto leído en la presentación de No se culpe a nadie de Rubén Hernández Hernández,
en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalakara.

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