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Margarita Hernández Adelfa Martín Ramón Valle Muñoz Julio Ruiz Luis Rico Chávez Andrés Guzmán Juan López Andrea Avelar Liz Carbajal

Balada para Adelina

Cuento

Ramón Valle Muñoz

México

Un trajín de meseros, cual hormigas en desbandada, distribuía el banquete. Las notas de Balada para Adelina marcaban el ritmo a los comensales para deglutir muslos de pollo, pasta de coditos y ensalada fría de col morada y zanahoria.

Sobrevino el apagón, cinco segundos después comenzó a sonar el rocanrolito de Hopkins. Un reflector se encendió. Trino saltó a la pista y comenzó a bailar al ritmo de Shake it baby, la interpretación de Lightning Hopkins sonaba por todo el salón de forma límpida con ayuda de la interferencia causada por el asombro de los invitados.

Nadie sabía si reír, reclamar o detener el bizarro espectáculo. El movimiento ondulante de las lonjas sudorosas de Trino los dejó sin habla, no menos impactante resultó su apariencia: cabello pintado de naranja, el cuerpo depilado brillaba por las varias capas de esmalte color amarillo. Para algunos asistentes el numerito formaba parte de la extravagante variedad contratada para la ocasión: la fiesta de quince años que Ranulfo y Celina ofrecían a su princesita Deyanira, la Yanis para la pandilla del barrio, el bizcochito más perseguido de la colonia.

Pero la fiesta devino en tragedia cuando el contingente de chambelanes cadetes se lanzó a la carga contra Trino. El primer golpe desencadenó la ira de toda la pandilla. Como viejos y astutos guerreros los de la cinco tres controlábamos la riña, arrinconamos a los chambelanes como ratones contra la clausurada puerta de emergencia del casino. Pero Ranulfo seguido por los meseros, los miembros del grupo versátil y el personal de seguridad del casino nos cayeron por la retaguardia. Entonces sobrevino el artero guitarrazo en la nuca del pobre bailarín, quien cayó fulminado sobre la pista.

Nunca más despertó, fue llevado en calidad de bulto al Hospital Civil donde falleció días después. No se le pudo juzgar por los cargos de pandillerismo, posesión de armas y drogas, además del nunca probado asesinato de la Yanis, quien al terminar la refriega apareció muerta sobre la mesa de honor con un picahielos clavado en la yugular.

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