Rolando Revagliatti
Argentina
Robert Menasse
Austria
Adriano de San Martín
Costa Rica
Margarita Hernández Adelfa Martín Ramón Valle Muñoz Julio Ruiz Luis Rico Chávez Andrés Guzmán Juan López Andrea Avelar Liz Carbajal

La cabeza

Teatro

Rolando Revagliatti

Argentina

Personaje Único: MUJER

INDUMENTARIA:

a) Traje sastre negro, mal hecho.

b) Blusa con puntillas.

c) Medias marrones. Varios pares superpuestos. Enrolladas apenas más arriba de las rodillas.

d) Zapatos nuevos.

ESCENARIO:

a) Un banquito.

b) Una muñeca sin cabeza. Mide 1,70 mts. Sin ropas. Parece un ser humano. Extendida, hacia arriba, en mitad del escenario, con piernas a proscenio y abiertas. Delante y a un par de metros del banquito.

INDICACIONES:

a) La MUJER talla con un cortaplumas un pan de jabón durante casi todo el transcurso de la representación.

b) En las tres instancias en que la MUJER toma contacto físico con la muñeca queda con cabeza a proscenio.

El escenario a oscuras. Se enciende una luz. Y otra. Y otra. Así todas las demás. Pausa.

MUJER (sentada al lado del banquito): Nosotras no la matamos. Se murió sola. Se murió porque se tenía que morir. Cuando se tenía que morir. Nosotras la cuidamos desde que nació. No. Desde que nacimos. La cuidamos, le damos de comer... La fregamos, le hundimos los bichitos en el agua, le cantamos el bolero. Nos portamos bien. Ella no. Ella a veces se portaba bien. Nosotras no. Nosotras no la matamos. Se murió sola. La cuidamos desde que nacimos. “Ella es tu hermana...” “Y ella es tu hermana...” Ella no. La cambiamos, le damos de comer. Ella le cantaba el mismo bolero que le gustaba. Bajito. No podemos hacer nada más nosotras. La fregamos con “puloil”. Cuando aparecían las manchas enseguida las pintábamos. Ella se consiguió el esmalte y le pasábamos el pincelito. Le hacíamos un poco de cosquillas pero nos miraba con gratitud. Ella se murió sola. No. Nosotras estábamos pero no la matamos. Se equivocan. Se equivocaron con nosotras. Pensaron que nosotras la ayudamos. Le traíamos vino y le cantábamos el bolero. Más ella que yo. Le cantaba. Pero nosotras le traíamos el vino.

Pausa.

Me la voy a poner cuando la termine. Tiene que quedar bien hechita. Si no, no la quiero. No me la pongo ni medio. Pasó una mujer y se creyó que la tenía. Me dijo no sé qué de las orejas. Se creyó que la tenía puesta. Me la vio en la falda y no se dio cuenta. Me dio una lata con miguitas. Me dijo: “Tome, para ustedes”. La señora esa no es de acá, pasaba. Me cuesta la boca. Sobre todo porque queremos tener una boca que sirva para reírse. No que haga así (hace un pequeño gesto con la boca) un poquito. Queremos que se ría. Que carcajee. Con ruido. ¡No nos interesa que no quede fino! Ella no se rio nunca. Se murió sola. Si se hubiera reído alguna vez no hubiéramos tenido que estar siempre con ella vigilándola, no nos hubiera pedido nada. Se hubiera entretenido sola. Se hubiera reído. Las que no me salen no las tiro más, las guardo en la lata. Nos vamos a hacer una cabeza con pelo de miguitas.

Ríe estentóreamente. Coloca su cabeza a continuación del cuello de la muñeca. Queda extendida, hacia arriba. Pausa.

¡Qué bello que nos queramos! ¡Que oigamos por la misma oreja, que olamos por la misma nariz! ¡Que no nos odiemos, que no nos querramos matar! Se murió sola. Nosotras la cuidamos. Le voy a poner la dentadura. Va a salir bien. Si no, hacemos otra. No me importa. Bien hechita. Si sale mal, no importa. Otra vez. No nos damos por vencidas. (Ríe estentóreamente.) Nosotras sabemos lo que pasa: viene la fiaca y no trabajamos. Nos quedamos mirándonos como estúpidas. Nos ponemos a pensar como idiotas. Nos empezamos a arañar. Nos empezamos a decir cosas crueles, horribles. Y así parece que nos odiamos, que no necesitamos estar juntas. Pero nosotras necesitamos estar juntas. Y decirnos que nos queremos. Y que nos demos una flor, o algo. No basta saber que nos queremos. Nos ponemos la cabeza y ya está. Y si ella se murió, ella se murió. Nos podemos besar y nos podemos morder. Y nos hacemos una poesía y la decimos. Como un regalo. Nos gusta mucho hacernos una poesía, o una flor, o algo. No queremos que nos encuentren tiraditas, o acurrucadas, o con cara de frío. Ella nos llamaba la paliducha. ¿Pero quién se murió?... Nosotras no. Pero tampoco le hicimos nada. No. La cuidamos nosotras. También.

En silencio, se incorpora trabajosamente. Arrodillada, mira a la muñeca. Se agacha y pone su boca en uno de los pezones de la muñeca. Succiona. Lo abandona dándole besos. Besa amorosa, sonora e infantilmente. Suspira. Talla el jabón con particular ahínco. Suspira. Ríe estentóreamente. Queda sentada al lado de la muñeca.

¡Qué alegres que somos! Y dicharacheras y juguetonas. Siempre nos encimamos, hablamos al mismo tiempo. Decimos pasó una nube justo cuando pasa. ¡Alegres, benditas y alegres! ¡Somos una gloria! ¡Y como somos chispeantes y divertidas no nos hacen doler los brazos ni el culo!... Y como hacemos así (Hace un pequeño gesto con la boca.) con la lengua limpia, las muelas emplomadas, todas benditas, nos felicitan con tarjetones: “Para las chicas más recatadas...” “Para las hacendosas hermanas...” “Las púdicas muchachuelas del pabellón merecen toda nuestra simpatía y cordialidad.” “Por —cándidas y primaverales, nuestro beneplácito, nuestro regocijo.” “Para las risueñas buenas mozas...” ¡Y esas somos nosotras para los demás!... (Pausa.) ¡Esta boca! ¡Me sale trágica, me sale trágica! Che, nadie te va a besar a vos, así. Tan amarga, van a poner los labios para adentro, los otros. Te vas a hacer mala fama. Y hazte mala fama y échate a dormir. Y después de dormir, más amarga, más sin saliva todavía. Che, nosotras te queremos radiante, ¿eh? No pastosa. ¿Para qué te ponemos los hoyuelos entonces? ¡Desaprovechadora! Nosotras te mimamos, te hacemos sonrisitas, te contamos... (Mete la mano en una axila. Saca dos papelitos. Lee uno en voz baja. Lee el otro:) chascarrillos. (Guarda ambos papelitos en la axila.) Te damos chiclets Adams, te cantamos el bolero. No. A vos no te cantamos el bolero. ¡Las cejas no interesan, las mujeres se las arrancan! (Se yergue alarmada. Suspende su tarea de tallar el jabón. Dice:) “Alambre alambre no mata el hambre.” (Retoma su tarea de tallar el jabón.) “Alambre alambre no mata el hambre.” (Coloca su pubis sobre el de la muñeca.) No la matamos nosotras. Sola se murió. La cuidamos desde que nació. No. Desde que nacimos. Nosotras teníamos que nacer también. Ella ya estaba. Ya estaba acá. Nosotras aparecimos. “Ella es tu hermana...” (Comienza a frotar con suavidad su pubis “en redondo” sobre el de la muñeca.) “Y ella es tu hermana...” Nos dijeron “decile mamá”. La cuidamos, la fregamos, le hundimos los bichitos en el agua. No se murió porque no le dijimos mamá. Le cantamos el bolero. Más ella que yo. Vino así: ya estaba muerta. (Deja de tallar el jabón al tiempo que cesa de frotarse. Abre los brazos, apoya un lado de la cara en el suelo. En una mano tiene el jabón, en la otra el cortaplumas. Levanta la cabeza. Dice:) Me falta la cabeza... (Frota su pubis contra el de la muñeca durante algunos instantes. Ya no suavemente. Cesa de moverse. Busca en la axila. Saca los dos papelitos. Lee:) “Está, cómo diré, menos que amaneciendo. Pero amanece.”

Guarda los papelitos en la axila. Frota su pubis contra el de la muñeca, con gran suavidad. Talla el jabón a ras del suelo. Decrece la luz muy lentamente. Telón.

arriba